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2012/10/16
Esquire
Latinoamerica
Sandra Cerisola
Redacción
Gottfried-Helnwein-y-su-Canto-de-la-Aurora
Gottfried Helnwein y su Canto de la Aurora
El artista vienés se presenta en la ciudad de México. Hablamos con el galerista Hilario Galguera sobre la relevancia de estas exhibiciones
Para Gottfried Helnwein el arte tiene un sentido humano y altruista. Pero en la exposición llamada El canto de la aurora, que se presentará en la galería Hilario Galguera, no esperen encontrar escenas obvias. El artista vienés -conocido ampliamente por su trabajo con músicos como Rammstein y Marilyn Manson- mostrará 12 pinturas hiperrealistas, inspiradas por el espíritu de la Europa de la post guerra, donde vemos imágenes de niñas que muestran la inocencia de la infancia, pero de una manera sutil pero conmovedora también la violencia y la destrucción. Hablamos con Hilario Galguera sobre lo que propone Helnwein en esta exposición.  
Installation at the Monumento a la Revolución
2012
Article and interview with Gottfried Helnwein (p.291 - 320)
Song of Aurora, one man show
2012, Galeria Hilario Galguera, Mexico City
Galeria Hilario Galguera
2012
The Museo Nacional de San Carlos, Mexico City
2012



Interview with Gallery Owner Hilario Galguera
Esquire: ¿Cómo definiría el arte de Gottfried Helnwein?
HILARIO GALGUERA: Es un pintor que ha trabajado sobre la figuración, y ahora presenta 12 pinturas de su nueva producción para la galería, en la exposición El canto de la aurora. Son retratos de niñas que evocan el espíritu de inocencia que se tiene durante la infancia. Son pinturas hiperrealistas, realizadas en óleo sobre tela con una maestría indiscutible.
Esq: Una de las cosas que llama la atención de la obra de Helnwein es que une un espíritu de denuncia con la cultura pop, ¿cómo se reflejará esto en la exposición?
HG: En lo que comunican estas pinturas, que tienen un efecto emocional. En ellas subyace un cierto espíritu de denuncia por situaciones que nos son afines a esta contemporaneidad, problemas que se pueden ver reflejados en el maltrato a los niños, en el abuso, pero hecho con una sutileza extraordinaria.
Esq: También llama la atención que tengamos una exposición que trata la violencia en México, donde el tema está tan presente y es tan relevante
HG: Así es, aunque tengo que hacer énfasis que las obras no se hicieron pensando en México, es una idea general de la violencia que puede ser aplicada a cualquier lugar. Pero por supuesto toca un tema muy sensible para nosotros, aunque, como comentaba antes, siempre resuelto con gran elegancia, es una violencia subyacente. Las imágenes no tienen una carga de violencia gráfica, son obras que más bien invitan a una reflexión. El encuentro que se va a tener con esta pinturas es en una línea sutil: se descubre una violencia latente, pero se proyecta una paz y tranquilidad, que finalmente es el deseo de recuperar la inocencia perdida.
Esq: Ahora podremos ver la obra de Helnwein simultáneamente en en varios lugares de la ciudad, ¿por qué que tiene esa relevancia?
HG: Es un artista significativo que ha tenido una presencia importante dentro de las distintas expresiones de la cultura popular alrededor del mundo durante los años. Esto lo separa de alguna manera del común denominador de los artistas que generalmente están enmarcados en un círculo más restringido, para púbicos más especializados. La obra de Hewin ha roto esas barreras y se ha logrado insertar en la cultura popular por las colaboraciones que ha hecho con músicos, con poetas, con gente que está más cercana a expresiones más masivas, como su trabajo con Rammstein, Marilyn Manson, siendocomo ilustrador de distintos álbumes de rock, siempre de grupos o expresiones que están a la vanguardia.
Esq: ¿Cómo se dio la relación entre la galería y el artista?
HG: Él hizo algunas visitas a México y le llamó la atención el programa que estamos manejando, en el que hacemos énfasis en artistas mexicanos, pero también en la relación conceptual que artistas internacionales tienen con México, como Damien Hirst, Daniel Buren, Jannis Kounellis. Eso ha posicionado a la galería en el panorama internacional, entonces fue un encuentro mutuo, de alguna manera: él buscando un espacio que diera la infraestructura para mostrar su obra y nosotros interesados en establecer el diálogo con maestros internacionales que de alguna manera puedan elaborar propuestas a partir de la idea de México, que es algo que Helnwein ha hecho. En el Monumento a la Revolución va a presentar una serie de fotografías de un grupo de niños mexicanos.
Esq: ¿Qué viene para la galería?

HG: Estamos terminando el proyecto de una exposición de Damien Hirst para inicios del año próximo. Estamos preparando una una intervención del maestro Daniel Buren en el Hospicio Cabañas en Guadalajara, una de los obras más importantes en la carrera de este maestro francés, cosa que nos tiene muy contentos. Además tenemos la exposición de un artista mexicano, Benjamín Torres, estamos planeando exposiciones de Francisco Larios, Mauricio Limón y queremos hacer una exposición con Jannis Kounellis que tenga extensiones como la de Helnwein.
at the studio
2010
“Revolución no es ‘mostrarle’ a la gente la vida, sino hacerlos vivir. Una organización revolucionaria debe recordar que su objetivo no es conseguir adeptos que escuchen pláticas convincentes de líderes expertos, sino hacer que hablen por ellos mismos, con el fin de lograr o por lo menos aspirar a un nivel equitativo de participación”.
Guy Debord
La experiencia de acercarse a la obra de Gottfried Helnwein es tan fascinante como perturbadora. Considerado una superestrella del arte actual, Helnwein, de 64 años, se mueve con agilidad entre la pintura, la fotografía, la escultura y el performance, con un dominio técnico cercano a la perfección. Lo mismo ha colaborado en portadas de discos de Scorpions, Marilyn Manson y Rammstein, que en la escenografía de óperas como The Child Dreams, de Hanoch Levin, y Der Rosenkavalier, de Richard Strauss. Es una celebridad entre celebridades, admirado por el propio Manson, Sean Penn, Arnold Schwarzenegger y Nicolas Cage, entre otros, y dueño de un impresionante castillo en County Tipperary, Irlanda, desde 1998, donde se realizó la boda de su amigo Marilyn con Dita Von Teese.
Pero no es por su coqueteo con la fama que el trabajo de Helnwein será exhibido, a partir del 17 de octubre próximo, en cuatro espacios de la Ciudad de México: la Galería Hilario Galguera (con la exposición El canto de la aurora), el Museo Nacional de San Carlos (con la retrospectiva Fe, esperanza y caridad), el Monumento a la Revolución (con la muestra Santos inocentes: la mirada de Helnwein de México) y la Plaza de la República (con Santos inocentes, una instalación pública compuesta por obras monumentales). Su abundante presencia en el Distrito Federal se debe a que la obra de Helnwein es una denuncia abierta sobre la falta de respeto a la dignidad del ser humano, representada en sus incómodas imágenes del Holocausto, de niños víctimas de abuso o de las atrocidades cometidas por las tropas estadounidenses, por mencionar algunas.
Así que Gottfried llega a México en un momento en el que ese tema —la dignidad del ser humano— es, o debería ser, una preocupación constante y profunda por razones obvias. Gracias a la generosidad de la Galería Hilario Galguera y del Museo Nacional de San Carlos, en esta edición de aniversario presentamos una selección de las obras de este artista, así como una amplia entrevista con Helnwein realizada por nuestra colaboradora Sandra Cerisola.
Experiencia estética y activismo
Gottfried Helnwein (octubre 8 de 1948, Viena, Austria) es un artista contracultural, activista y multidisciplinario, cuyo trabajo se nutre tanto de su infancia y adolescencia durante la posguerra en Viena, como de la historia universal, la historia del arte y elementos de la cultura popular como los cómics. El carácter de su obra oscila entre la denuncia de un documento histórico y la subjetividad infantil que brinda esperanza en el futuro. Helnwein construye la narrativa de sus imágenes a partir de la tensión generada por contrastes: escenas altamente angustiantes presentadas de la manera más estética, niños víctimas de abuso o violentados, ambientes estériles y limpios donde ocurren situaciones terribles, colores contrastantes, claroscuros formales, temáticos, conceptuales y emocionales.
Este artista representa, en espacios descontextualizados, escenas que sugieren actos de abuso, por lo general contra niños. Sus retratos están cargados de una psicología de la inocencia violentada: los niños funcionan como metáfora de la humanidad, los adultos son producto de una infancia desafortunada y víctimas de las estrategias y el abuso de poder de un sistema dominado por la avaricia, los medios masivos de comunicación, la saturación de imágenes, la corrupción generalizada, y la artificialidad que seda y alivia, superficial pero compulsivamente, el horror vacui (miedo al vacío) de la sociedad contemporánea de consumo.
Las obras de Helnwein se suman a la estrategia pop de producción de imágenes hermosas con colores llamativos. Sin embargo, obligan a ver, a no olvidar, y a entrar en contacto con aspectos íntimos individuales y rescatarlos. “No todos los seres humanos serán viejos, pero todos han sido niños”, dice Gottfried en una entrevista concedida a Esquire. Al internalizar la experiencia, desde el momento en que sus imágenes somos también nosotros, sí hay algo que se puede hacer.
Los niños fotografiados son víctimas, pero dignificadas y conscientes. En ocasiones se muestran los rastros de algo quizá terrible, pero no se exhibe el sufrimiento, y el sufrimiento es signo de debilidad. El gran formato funciona como grito visual, que contrasta con el “silencio” aparente de los personajes representados, por lo general, con la boca cerrada o dormidos. Sin embargo, el sueño, que convencionalmente se entiende como estado pasivo, es una metáfora de acceso a una realidad más profunda. De acuerdo a André Breton, el surrealismo “está basado en la realidad superior de (…) la omnipotencia del sueño, en el desinteresado juego del pensamiento. (…) Yo creo en la resolución futura de estos dos estados, el sueño y la realidad, hacia (…) una surrealidad (sur: sobre, en francés)”.
Para Gottfried, el arte, la experiencia estética y el activismo son actos colaborativos; el final de la historia queda abierto para que cada quien lo complete de la mejor manera. Helnwein rescata al héroe interno de cada persona que interactúe con su obra.
A continuación presentamos la conversación que sostuvimos con él.
Epiphany I (Adoration of the Magi)
mixed media (oil and acrylic on canvas), 1996, Denver Art Museum
INTERVIEW WITH GOTTFRIED HELNWEIN
RESPUESTA CATÁRTICA
ESQUIRE: ¿Qué eventos en tu vida hicieron que decidieras escoger esta carrera?
GOTTFRIED HELNWEIN: Decidí dedicarme a la pintura a los 18 años. Antes de eso no quería ser pintor, porque pensaba que era una profesión aburrida. Siempre fui bueno pintando y dibujando, pero quería hacer algo más espectacular, como ser líder de una revolución.
Siempre me interesaron la política y la historia, y cuando supe, a una edad muy temprana, sobre el Holocausto y los asesinatos masivos en Alemania y Austria, fue un shock para mí y empecé a investigar acerca del tema. Me enteré sobre los niños en Alemania y especialmente en Austria que sufrieron abusos y en muchos casos fueron torturados a muerte y cosas similares. Sin embargo, la sociedad no hablaba de ellos en aquel tiempo, no era algo que se tratara en los medios, y ésa fue la razón por la que decidí empezar a pintar, porque era un tema que me preocupaba: la idea de que se usara la violencia en contra de personas que no se pueden defender. Y pensé que el arte y la estética podían ser usados para denunciar y obligar a la gente a ver ciertas cosas.
ESQ: Tu habilidad y tu técnica para pintar son asombrosas, lo que ayuda a que tu mensaje sea recibido de manera efectiva.
GH: Gracias. Desde mi primera exposición vi una reacción muy emocional de la gente. Ese tipo de respuestas catárticas me ayudó a darme cuenta de que iba en la dirección correcta, porque para mí el arte siempre es un diálogo, siempre he creído que el artista está en comunicación con la gente y que el arte es un medio para comunicar en el nivel estético más elevado posible.
ESQ: Además de que al usar niños como protagonistas de tu obra tienes la intención de denunciar, ¿dirías que funcionan como metáfora de la humanidad?
GH: No todos los seres humanos serán viejos, pero todos han sido niños. La infancia es una etapa sumamente preciosa en la vida de una persona, por el potencial de inocencia y pureza que todos tenemos y que por desgracia se pierde en una sociedad corrupta, debido a una educación destructiva y cosas similares. En cada ser humano hay algo precioso, inocente y puro, y en los niños se puede apreciar esto; aún está ahí. Es por eso que uso a los niños como metáfora de los hombres.
Otra cosa que me atrae de los niños es su enorme potencial de creación. Los niños son muy creativos y tienen una cierta magia que los adultos por lo general pierden. Los adultos tienen desilusión, mientras que el universo de un niño está lleno de magia e imaginación, que es el mayor don que el ser humano tiene: la habilidad para imaginar, para soñar y para creer en cuestiones metafísicas.
ESQ: Me gusta la forma en que representas a los niños: aunque se encuentran en un estado de vulnerabilidad física o son víctimas, siempre aparecen dignificados. Son una especie de héroes.
GH: Cierto, y se trata de una contradicción extraña. Por un lado, en la sociedad actual los niños son muy vulnerables e indefensos, y dependen mucho de la protección de los adultos, algo que con frecuencia no tienen. Pero, al mismo tiempo, los niños son extremadamente resistentes y su potencial es enorme en lo que respecta a lo espiritual y lo estético. Los niños deben ser protegidos y considerados algo precioso. Me molesta ver cómo son descuidados, abusados, maltratados y oprimidos. Hoy, el reto para los niños es enorme porque son envenenados por muchas cosas: químicos, contaminación ambiental, drogas, medicinas, televisión, internet… Así que desde muy temprana edad son confrontados por todas estas cosas que dañan su alma. Necesitan la protección de los adultos, de su familia, de la sociedad, porque serán los líderes futuros. Si se provoca e inculca destrucción, eso es lo que se obtendrá después.
ESQ: Quisiera que me hablaras sobre la vez que pintaste un retrato de Hitler y fuiste expulsado de la escuela.
GH: Nunca me gustó mucho la escuela, tenía problemas con la autoridad y la gente opresiva, y cuando era joven, la generación de mis padres era muy dura, por lo menos en Austria y Alemania. Creo que estaban dañados por la experiencia nazi, lo que no ayudaba. Así que en Viena, durante la posguerra, yo sentía la sombra oscura del Tercer Reich y de la muerte de millones de personas. La generación de mis padres se las ingenió para causar una guerra que mató a 55 millones de seres humanos, y esto es algo que no desaparece rápido; percibes su presencia, yo la percibía durante mi infancia, pero nadie hablaba de ello. Y era lo único en que podía pensar, porque sentía la larga sombra de Hitler, así que lo pinté cuando estudiaba diseño gráfico. Los maestros se alteraron y confiscaron la pintura, y para mí fue un momento muy importante. Estaba sorprendido, no pensé que alguien fuera a reaccionar así por un pedacito de acuarela. Lo que aprendí en ese momento es lo poderosas que pueden ser las imágenes, cómo un pedazo de dibujo o de acuarela puede estremecer el mundo de los adultos. Eso es lo que siempre me ha fascinado de ser un artista, que las imágenes pueden ser sumamente poderosas y con ellas puedes alcanzar niveles de comunicación mucho más profundos que con las palabras.
ESQ: De hecho, pienso que la forma en que creas el contexto en tus obras —un espacio entre la realidad y la ficción, es decir, una especie de distorsión sutil de la realidad—, es una manera efectiva de tocar la sensibilidad de la gente. Si fuera sólo una imagen documental, quizá se sumaría al cúmulo de imágenes que vemos en los periódicos, los noticiarios, etcétera.
GH: Correcto, creo que eso es lo que el arte puede y debe hacer, porque en esta época la gente es bombardeada con millones de imágenes, ve la televisión y sus imágenes intermitentes de horror alrededor del mundo, pero no hay nada que pueda hacer con ellas. El arte es distinto; digamos que con la pintura se puede abordar cualquier tema, sin importar lo terrible que sea, y se puede trascender y transformar en algo útil, que eleve a la gente, la inspire y le abra una puerta para poder lidiar con ello.
Debo decir que las imágenes que empecé a producir en mi etapa temprana siempre tuvieron que ver con lo que sucedía en mi entorno, así que no se trataba tanto de inventar. Veía a la gente a mi alrededor distorsionada, y siempre pensé que estaban sufriendo de algún modo, incluso sin estar conscientes de ello. Todos estaban dañados en alguna medida, y eso es lo que comencé a mostrar.
ESQ: Tu obra puede resultar agresiva para muchos, e incluso al verla se puede argumentar que “violencia genera violencia”.
Sin embargo, creo que tu meta es promover el amor y el respeto por los niños, y pronunciarte en contra de la violencia en general. ¿Por qué crees que tu estrategia es efectiva y que tu obra no causará los efectos opuestos como angustia, tristeza o incluso más abuso infantil?
GH: En el transcurso de 40 años he visto que en el arte el efecto de una imagen, por más terrible que sea, es opuesto al efecto de los medios. Cuando se ve una obra de Goya o de Hieronymus Bosch, así como de otros pintores que representaron el lado oscuro y el sufrimiento, el resultado no es de depresión, sino que las personas se conmueven y se les ve esperanzadas. La estética hace que las cosas sucedan al revés, se genera una catarsis, una purificación, algo que te permite lidiar con un tema difícil y de alguna manera disolverlo. Las reacciones que he visto a lo largo del tiempo son de alivio.
GOYA Y EL PATO DONALD
ESQ: Ya que eres un artista contracultural y activista en varios aspectos, ¿qué es lo que tu obra toma de la cultura pop y cuál es tu postura respecto a ella?
GH: “Cultura pop” es un término muy amplio. Cuando era niño y adolescente, me distancié de la generación de mis padres y rechacé su cultura tradicional, la “alta” cultura como la enseñaban en la escuela. Estaba fascinado por el arte trivial de los cómics, las películas y la música. Sobre todo en los años sesenta, cuando había tanta música con fuerza, como la de Jimmy Hendrix, The Rolling Stones y Jim Morrisson. Se vivía una revolución cultural, algo muy poderoso, y había expectativas de que se convirtiera en una revolución profunda que transformara a la sociedad. Así que fue una época de gran emoción y esperanza, y para mí fue interesante ver el alcance que puede tener el arte.
La música de los sesenta, de hecho desde los cincuenta con Elvis Presley, fue tan poderosa que logró cambiar a la sociedad. Al principio el sistema la quería reprimir, y era interesante ver cómo algunas canciones podían asustar a toda esa gente tan poderosa con sus ejércitos, sus servicios secretos y su dinero.
Así que el arte trivial o pop art en su forma más pura es algo que tiene mucha fuerza. El concepto de arte pop que tenemos hoy está corrupto, es comercial y generalmente es basura. El término está mal usado. El arte pop de verdad significa arte popular, arte que es creado para la gente, no sólo para una élite de intelectuales. El arte siempre debe ser así. Un arte que sólo puede ser entendido por intelectuales es un arte “inválido” y no es importante. Yo creo en el arte que es auto-evidente y que puede tocar y conmover a cualquiera que sea confrontado con él. Es un arte en el que no hace falta teoría para entenderlo.
ESQ: ¿A qué te referías la vez que dijiste que aprendiste más del Pato Donald que de la escuela?
GH: Yo odiaba la escuela, porque todo lo que enseñaban me parecía tan inhumano, aburrido y estúpido que siempre pensaba: “¿Por qué estoy aquí? Es como un campo de concentración”. De niño tuve la suerte de tener los mejores cómics que existían, como los del Pato Donald hechos por el mejor artista de Disney en esa época. Eran brillantes. Aún los leo hoy en día y me inspiran mucho. Las historias tempranas del Pato Donald, publicadas en Europa justo después de la guerra, fueron los primeros cómics que existieron en Alemania y Austria, y tenían una gran calidad. Muchos artistas de mi generación admiten que también fueron una gran inspiración para ellos.
ESQ: Has hecho varias colaboraciones con músicos y, en este sentido, está claro que la música se nutre de tu obra. Pero, ¿de qué manera tu obra se nutre de la música?
GH: Tengo una relación muy estrecha con la música y con la literatura, que siempre me han fascinado. Cuando pinto, escucho música y audiolibros, y he sido lo suficientemente afortunado para conocer a grandes artistas y hacer colaboraciones con ellos, en especial con escritores y músicos como The Rolling Stones y Marilyn Manson. Cuando conocí a Marilyn, hubo una conexión instantánea entre ambos, un entendimiento mutuo, porque compartimos el mismo tipo de visión estética. Disfruto mucho de colaborar con otros artistas, es emocionante, aunque por desgracia no es común. También he trabajado en escenografía y vestuario.
ESQ: En el caso de la serie de grabados de Goya Los desastres de la guerra, que has reconocido como una influencia, él muestra las consecuencias de la guerra y, de alguna forma, “el final de la historia”. Pero en tu narrativa parece que lo peor está por pasar, la tensión es muy alta.
GH: Ésta es una idea interesante. La situación en la época de Goya era muy distinta a la actual. Sin embargo, él hizo algo similar a lo que yo trato de hacer, y obligó a la gente a ver algo que quería ignorar: todos esos cadáveres torturados, todo ese dolor. Cuando no se tiene la voluntad de enfrentar una situación y aprender de ella, la sociedad está condenada a repetir los errores. Así que representar esos horribles detalles, como lo hizo Goya, fue un intento por congelar ese tiempo para que no se olvidara y formara parte de la memoria de la humanidad. Éste es un aspecto importante del papel del artista. Shakespeare hizo lo mismo, y Kafka y muchos otros grandes artistas de cuyas tradiciones me siento parte.
En el siglo xxi el mundo es muy diferente. Todo está distorsionado por las imágenes electrónicas y la propaganda, así que hoy no es tan simple como en los tiempos de Goya porque todo está disfrazado. Los medios nos bombardean inventando historias cursis. Y el aspecto kitsch del arte pop distorsionado, la artificialidad, es algo que también quiero mostrar.
En la época de Goya, cuando salías al campo de batalla estaba lleno de cadáveres. Hoy vemos copias de copias de imágenes, e imágenes manipuladas, y es difícil diferenciar una muerte en un videojuego o una película de una muerte real. En la actualidad hay guerras donde la gente muere, pero al mismo tiempo las personas van al cine y quieren ver muerte, guerra, tortura y asesinatos para entretenerse. Por eso no hay tantas protestas en contra de la guerra como las había en los sesenta, y parece que la gente está en un estado de apatía.
ESQ: Tu obra, en parte, se enfoca en crear conciencia y memoria. En este sentido tiene una dimensión social y política. Para que este proceso de concientización funcionara habría que partir de la premisa de que la gente actúa de manera negativa básicamente por ignorancia, pero que en el fondo tiene buenas intenciones. ¿Es esta tu idea de por qué hay personas que causan tanto sufrimiento a otros?
GH: Mi arte intenta sacudir a la gente, despertarla y darle esperanza; a veces las personas piensan que ya no hay esperanza y ése es el problema. Sabemos que la economía va a fallar, que los seres humanos mueren, y en los medios masivos se transmite la idea de que no hay nada que hacer. Sin embargo, yo creo que todos podemos hacer algo. Hay que empezar por reconocer lo que sucede. Y cuando ves el sufrimiento y el dolor de un niño, por ejemplo, surge el instinto de protección, la necesidad de ayudar o de prevenir.
En este sentido creo que la pintura es muy personal e íntima, y si detona o libera algo, ya sea tristeza o dolor o lo que sea que esté reprimido, o si de pronto te hace recordar la época en la que aún pensabas que era posible cambiar y no aceptar algo, si una pintura puede hacer eso, entonces es bueno. Y yo veo en las reacciones de la gente ante el arte que se sienten alentados y esperanzados.
ESQ: Entonces, el no mostrar el final absoluto de la historia es una manera de dejar una ventana abierta para poder “hacer algo”.
GH: Así es, y también es una colaboración con el espectador, quien completa la historia. Cada persona puede ser responsable del final y hacer una diferencia. Le das el poder al espectador, algo en lo que creo mucho.
FAMILIA Y RELIGIÓN
ESQ: Goya es una referencia clara en tu trabajo. ¿Qué otros maestros te influenciaron?
GH: Cuando empecé a pintar, no sabía mucho de arte y sólo pintaba lo que me pasaba por la cabeza. Mi influencia directa venía más de los cómics, por ejemplo. Más adelante, cuando comencé a investigar sobre arte, encontré almas que me eran muy afines. Goya es una de ellas, pero también Caspar David Friedrich, el pintor alemán romántico. De hecho, el periodo romántico del siglo xix, tanto en literatura como en música, pero particularmente en pintura, fue quizá la primera manifestación artística que llamó mi atención y me conmovió. Sobre todo Friedrich, porque sus pinturas tienen cierta melancolía y tristeza profunda, aunque al mismo tiempo son muy bellas y muestran algo infinito que me atrae mucho. Mis pinturas son muy distintas, pero el espíritu de su obra permanece cercano a mí hasta hoy. En literatura me influyeron Kafka, Dostoyevski, Burroughs y Thomas Mann.
ESQ: En Europa tu obra ha sido efectiva, entre otras cosas, porque ha creado conciencia sobre el Holocausto. En México lo reconocemos como una de las grandes tragedias históricas, pero es obvio que no lo sufrimos de manera directa. Sin embargo, en nuestro país le ocurren cosas terribles a muchos niños. Entiendo que has preparado durante cuatro años la intervención pública que expondrás en México. ¿Cómo abordarás la problemática local por medio de tu obra en espacios públicos?
GH: Yo no he vivido en México, por lo que tengo una visión externa. Sin embargo, lo que sí reconozco es el sufrimiento humano. Puedo ver que la misma tragedia se repite, y esa tragedia es provocada por la codicia y la falta de respeto a la dignidad del ser humano, la falta de respeto a los niños, éste es el verdadero mal. Cuando veo a México desde una perspectiva externa, me resulta muy triste porque es un país con gente cálida y feliz. Cuando se piensa en el potencial que existe en una sociedad así, y al mismo tiempo en la enorme cantidad de sufrimiento y maldad que llegó a México —las drogas y los narcotraficantes, la corrupción, las matanzas interminables y en especial la impotencia de la gente—, da la impresión de que nadie cree que se pueda hacer algo al respecto. Y hay miedo.
Entonces pienso en los niños y en que uno debe empezar por protegerlos y defenderlos. He fotografiado a muchos niños en México para esta instalación en el Monumento a la Revolución. Tienen tanta inocencia y felicidad que resulta muy conmovedor, porque no están conscientes de la maldad y las amenazas de esa sociedad, aunque claro que ellos estaban protegidos por sus padres. Si un niño es cuidado durante el tiempo suficiente para que tenga autoconfianza y fuerza para luchar si es atacado, significa que hay esperanza.
ESQ: ¿Estuviste muy involucrado en la selección de obra y en definir el proyecto en la Ciudad de México?
GH: Es un proyecto que fue creciendo. Trabajé con la gente del Museo de San Carlos, en lo que ha sido una gran colaboración, y todos parecen muy satisfechos. También trabajé con Hilario Galguera para la exposición en su galería, y con gente del [gobierno] de la ciudad para la instalación en el espacio público. Ha sido un proyecto muy interesante y complejo.
ESQ: ¿Qué piensas del resurgimiento de la
ultraderecha en Europa?
GH: La ultraderecha siempre ha estado presente, pero se ha fortalecido a últimas fechas. En Austria tenemos a las personas que quedan de la época nazi, pero me parece que en cada país hay una ultraderecha potencial, que representa el miedo y el odio a todo lo que se considera ajeno o diferente. Existe una nueva ola de racismo que tiene como objeto al Islam y a los árabes, y hay un terrible acuerdo entre distintas clases de grupos ideológicos basado en el odio hacia ellos. Esto recuerda a cuando todo el mundo pensaba que los judíos eran algo malo y que necesitábamos deshacernos de ellos. Parece que la gente no aprende.
ESQ: Se dice que tu pintura “Epifanía”, de 1996, ha sido la más controversial.
GH: Fue la primera pintura en la que toqué un tema religioso, en un momento en el que estaba muy emocionado con el arte religioso de El Renacimiento. En ese entonces, me di cuenta de que los temas que usaban los artistas europeos no eran muy variados. Uno era “La adoración de los magos”, una escena que, según descubrí, ha sido representada durante siglos de acuerdo al momento histórico, pues nadie la pintaba desde una perspectiva bíblica. Pensé en cómo se vería esa escena si alguien la pintara desde una perspectiva alemana justo después del Holocausto, y así la hice. Se convirtió en una obra que reflejaba mi experiencia personal de haber nacido después de la Segunda Guerra Mundial. Y de hecho sí tocó algunas fibras y fue controvertida. La gente respondió de manera muy emocional.
ESQ: ¿Cuál es tu postura ante la religión?
GH: Ése sí es un tema amplio. Sé que hoy la sociedad es mucho más escéptica en términos generales, y lo que escucho con frecuencia es que las religiones organizadas son la causa de las guerras y que deberíamos deshacernos de ellas. Es verdad que en nombre de la religión han habido torturas, quema de brujas, guerras y La Inquisición, pero no creo que la religión en sí misma sea la fuente de estos problemas, sino que ha sido usada como un pretexto. La religión es un aspecto importante de la humanidad, y si significa la conexión con un mundo metafísico o espiritual, no creo que el hombre pueda sobrevivir sin ella.
ESQ: Pienso que no puede haber desarrollo ni crecimiento espiritual si no se sale de la zona de confort, y me parece que tu obra apunta a la espiritualidad en ese sentido.
GH: Yo lo creo también. He conocido a gente muy escéptica que piensa que la espiritualidad es poca cosa, pero si se lleva el escepticismo al extremo, surgen regímenes como el estalinismo, los nazis o el maoísmo, que han matado a más seres humanos que cualquier otro en la historia. Esto significa que la destrucción es enorme cuando la parte espiritual se pierde o se reprime por completo. Si ponemos el ejemplo de la iglesia católica romana —y me refiero en específico a la religión organizada—, hay dos lados: en estos 2000 años, esa iglesia ha cometido crímenes terribles, pero al mismo tiempo ha participado en la creación del arte más maravilloso jamás conocido.
ESQ: Mi última pregunta: ¿cuál es la obraque te hace sentir más orgulloso?
GH: Lo mejor que he hecho en mi vida es la forma en que eduqué a mis hijos. Les di libertad ilimitada, respeto y amor. Lo más importante cuando tienes un hijo es respetarlo como alguien único y maravilloso, aunque se trate de un cuerpo pequeño, pues son seres perfectos e increíbles. Eso lo hice bien: mis hijos tuvieron libertad, estuvieron en contacto con el arte, la comunicación conmigo siempre estuvo abierta y tienen mucha confianza en sí mismos. Quizá por eso se volvieron artistas —un músico, un pintor y un escritor—, y eso es algo que me gusta mucho. Tengo una familia grande, con muchos hijos y nietos, como del sur de Italia. Y lo mejor es que todos son artistas, así que cuando nos sentamos a la mesa para cenar, es una alegría verlos y conversar sobre filosofía y arte.
—Por Sandra Cerisola
Helnwein working on "The Murmur of the Innocents 1"
2009




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